*Texto escrito originalmente en catalán.
Ganador Premio Finestres de Cómic en Catalán: El discurso de agradecimiento de Sebas Martín a los Premio Finestres 2026
Cuando de niño me preguntaban que quería ser de mayor, yo no quería ser ni astronauta, ni policía ni explorador; yo lo tenía muy claro, quería ser dibujante de tebeos; de cómics. Y no sabía dónde me estaba metiendo porque si por Rodolf Sirera había algo que llamaba el veneno del teatro, yo entonces ya estaba inoculado por el veneno de las viñetas. ¡Ah, el cómic! Eternamente despreciado incluso por buena parte de quienes se dedican a ello que ellos catalogan de LITERATURA (sí, así en mayúsculas, ni infantil/juvenil, ni CiFi, ni ladrones y serenos y mucho menos, tebeos). Yo siempre he considerado que el cómic es como la ópera de la literatura. Si en el bel canto, debes saber actuar, cantar, tener conciencia del espacio escénico; en el cómic, una vez has terminado la novela… ¡Tienes que saber dibujarla! ¿Le parece poco? Por eso son importantes premios como el Finestres. No solo por dar visibilidad a los autores y sus obras, sino por insuflar gasolina a sus ánimos. Y si, además, se trata de cómic en catalán, ya nos adentramos dentro del mundo, no sé si del idealismo más heroico o de la inconsciencia.
Además, por si esto no fuera suficiente, este año tienen la osadía de concederlo a un proyecto que mezcla la memoria histórica, recuperando un grupo de artistas de principios del siglo XX, llamados entonces en plan burlón “los refinados” y que el conservadurismo hizo que quedaran olvidados, con una trama policial situada en los tiempos actuales. Y encima premian a un autor de reconocido activismo y carrera LGBTIQ en sus obras donde, sobra decir, que la premiada es de marcado carácter “queer”. Lo que viene a ser un autor maricón (uno ya tiene una edad) de los de toda la vida. Por eso, solo puedo decir gracias, por el premio, la valentía y apostar por una narrativa, lengua y temática que hace fruncir la nariz en muchos sectores que parece que, en los tiempos que corren, van «in crescendo». Yo, por mi parte, prometo no decepcionarles, ni a ustedes ni a los lectores, porque, aunque está mal que yo lo diga, la historia que narro es jugosa y como diría la mía siempre adorada Mayra Gómez Kemp: “hasta aquí puedo leer”.